Huaral en el virreynato

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La llegada de Hernando Pizarro al valle, en el verano de 1533, marcó la llegada del hombre europeo y el inicio de dramáticos cambios sociales pues a los pocos años se establecieron las encomiendas y posteriormente las reducciones; al parecer dos de las primeras encomiendas en el valle les fueron otorgadas a Jerónimo de Aliaga (encomienda de Huaral) y a la Corona (Chancay o Aucallama); a esto hay que añadir que ya en 1539 se había adjudicado a los dominicanos de Lima la encomienda de Palpa, la que quizá posteriormente se unió a Aucallama (Keith, 1970:22). 

Las encomiendas se configuraron en una institución plenamente colonial por medio de la cual la Corona Española reconocía y premiaba a un conquistador (que recibiría el nombre de encomendero) con una cantidad de “indios” en calidad de tributarios. Pero el territorio no fue entregado en posesión al encomendero, ni sus pobladores fueron considerados esclavos, sino que estos eran sometidos a evangelización y debían tributar en especias dos veces al año (Del Busto, 2004: 50); con este nuevo sistema se iniciaría el adoctrinamiento de los indígenas por parte de los encomenderos y frailes, paralelo a una feroz extirpación de idolatrías (Matos Mar, 1964:302). Los ayllus (base económica y social tan importante anteriormente) fueron sustituidos entonces por el sistema de haciendas, fundándose pueblos (para indígenas y españoles) los cuales determinaron una redistribución y dependencia poblacional en el valle. El sistema de reducciones replanteó el original proceso de urbanización en los andes.

En 1544 ya existían cinco encomiendas: dos en la margen izquierda del río (Aucallama y Palpa) y tres en la derecha (Huaral, Zupillán y Chancayllo) pertenecientes a Aliaga, Ruy Barba Cabeza de Vaca También sabemos que hasta 1550 “la tierra tenía escaso o ningún valor para la mayoría de los españoles, con excepción de las que estaban más próximas a la ciudad” (Keith, 1970:14); sin embargo las encomiendas constituyeron políticamente la posibilidad de los españoles en asentarse con poder, en reemplazo de la anterior estructura social dominante (Tawantinsuyu), aunque a nivel de curacas (la autoridad) con mecanismos políticos locales influenciados por los españoles”

La población en el valle de Chancay durante el siglo XVI según fuentes provenientes de visitas  eclesiásticas y documentos tributarios estudiados por Robert Keith alcanzaba cerca de 1,000 personas indígenas tributarias, las cuales se concentraban en los pueblos de Huaral (encomiendas de Huaral, Zupillán y Chancayllo) y Aucallama, además Keith estima que la población presentaba una acelerada declinación desde 1570 en donde pudo alcanzar alrededor de 5,000 personas (Keith, 1970:20); sin embargo esta declinación se explica por las epidemias que significaron en la costa una drástica mortandad. 

Según David Cook (Cook 1988), entre 1524 a 1526, se introdujo en América del Sur la viruela hemorrágica, antecediendo a la llegada de las tropas españolas; entre 1530 a 1532 se extendió la viruela y la sarampión en los Andes y en 1546 se extendió la mortal plaga o tifus, también entre 1558 a 1560 una epidemia de influenza coincidió con un rebrote de la viruela hemorrágica. Finalmente todas estas epidemias rebrotaron entre 1585 y 1591 (Viruela, sarampión, paperas, tifus e influenza).